El Chistera de Manolo Vieira

Tras más de 40 años desde su inauguración, el 9 de febrero de 1984, el pub teatro Chiste-ra del recientemente fallecido humorista Manolo Vieira acabó su singladura convertido en la meca del humor en Canarias. La sala de fiestas en la calle Juan Manuel Durán de Las Palmas de Gran Canaria fue el segundo local con este nombre, pues hubo un primero situado en el 108 de Bernardo de la Torre, que se vio obligado a cerrar en noviembre de 1985 por una denuncia. El nuevo Chistera abrió sus puertas el 23 de noviembre de 1988, con la presencia de José Vicente León, alcalde de la capital, y con un  cartel de artistas como el cantante José Luis y el humorista Jaime Marrero. La obra del nuevo espacio corrió a cargo del ingeniero Juan Armas y la decoración fue obra de Joserromán. Con un aforo de 250 personas, la sala fue todo un éxito, llenando todos los días, de lunes a lunes. Y así es como la semilla del éxito cosechado en su primera etapa germinó. Hasta el día triste de su cierre, con la última actuación del isletero, aquellas paredes notaron el calor de su público. Vieira falleció tan solo un día antes del 39 aniversario de su sala.

Fueron las hijas y los socios de Manolo quienes contactaron con Insula Signa, al conocer la labor que realizamos. El local estaba en alquiler y terminaba el contrato, por lo que tocó desmantelar la sala, así que les pareció buena idea que el rótulo lo conserváramos nosotros. Siempre les estaremos agradecidos.

Proceso de restauración

Cuando lo descolgamos del muro donde estaba ubicado, después de haber permanecido 36 años y siete meses a la intemperie y sin apenas mantenimiento, el rótulo se hallaba en un estado de avanzado deterioro. Los paneles de metacrilato con el logotipo pintado en su interior estaban agrietados, a punto de romperse, y la pintura casi totalmente desprendida. El agua de la lluvia había penetrado por las numerosas rendijas, oxidando parte de la estructura y numerosos elementos del sistema de iluminación. Desde el primer momento, nuestra intención de tratar de conservar los máximos elementos originales posibles se fue desvaneciendo.

A pesar de haber perdido casi la totalidad de pintura negra que hacía de fondo, el logotipo en vinilo dorado translúcido (que dejaba pasar la luz procedente del interior) se conservaba casi íntegramente, lo que permitió calcar el diseño a tamaño real para un posterior proceso de vectorización, corte y reposición. Esta labor fue realizada por Jaime Medina, rotulista artesanal y presidente de Insula Signa, sobre unos nuevos paneles de metacrilato transparente, pues los originales estaban inservibles.

La sustitución del vinilo se encargó a Raúl Martín, de Pintadera Digital, que posteriormente abordó junto a Jaime la reparación o sustitución del sistema eléctrico. Tras retirar toda la suciedad acumulada y limpiar superficialmente el óxido, quedó expuesto el conjunto de tubos y cableado, con un aspecto muy frágil y la sensación de una inminente desintegración en mil pedazos. Raúl, con la experiencia que dan los años de oficio, propuso enchufarlo para comprobar su improbable funcionamiento. Pues bien, ante la sorna y desconfianza de Jaime… ¡funcionó a la primera! Se encendieron los tubos fluorescentes; los siete. Para Raúl, esto significó la última broma de Manolo Vieira.

Ante la nueva perspectiva, se decidió conservar y renovar el sistema de iluminación, sustituyendo todo el cableado, los cebadores que alimentan los tubos fluorescentes y los elementos dañados. Se añadió un interruptor y se cerró la caja, añadiendo los perdidos perfiles de cierre que un día sirvieron para hacer hermética la caja de luz. Por último, se diseñó y fabricó una caja de madera para el almacenamiento y transporte del rótulo.

Completado el proceso de restauración, el rótulo se encuentra ahora en perfecto estado de revista, listo para ser transportado en condiciones y expuesto en algún lugar público cuando sea posible. Más que el rescate de un simple rótulo, se ha recuperado todo un símbolo histórico e identitario. Sin duda será una de las joyas recuperadas de nuestro patrimonio gráfico.
Como colofón, añadir un dato que nos aportó Mónica Vieira: el logotipo del Chistera fue bocetado por sus padres durante un episodio de inspiración nocturna que se prolongó hasta la madrugada. Un valor añadido.

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