El sepultado mosaico de Alfa

In Memoriam, 1950-2021

El bello edificio que fue la casa de D. Manuel Padrón Quevedo, en la Calle León y Castillo nº 41 fue construido en 1950 por el arquitecto Rafael Massanet y es un ejemplo de la arquitectura de los años 50 del pasado siglo. Destacable por la presencia en él de elementos historicistas y por su esquina curva, albergó en su planta baja uno de los primeros comercios que distribuían en España las famosas máquinas de coser ALFA. El umbral de la puerta de acceso estaba adornado con un mosaico corporativo de gran belleza, confeccionado en terrazo de manera artesanal.

Pues bien, hay que lamentar la pérdida de ese bonito elemento hasta ahora superviviente del patrimonio gráfico de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

El caso es especialmente sangrante para Insula Signa, pues al advertir que se estaba llevando a cabo una reforma en el edificio, hicimos gestiones para intentar preservarlo. En mayo de 2021 contactamos con Mª Luisa Martínez Zimmermann —arquitecta encargada de la reforma— que nos tranquilizó manifestando que tanto ella como el propietario eran conscientes del interés de la pieza y que su intención era respetarla.

Contactamos incluso con Luis Fano, actual director de la firma Alfa, con sede en Éibar (Guipúzcoa), para averiguar el origen del bonito mosaico de terrazo. Tras algunas indagaciones, nos comunicó que ellos no habían intervenido para nada en su confección e instalación y nos informó de que la representación de las máquinas en Las Palmas la ostentaba la familia Álvarez Vidal, que fueron de los primeros representantes de la firma en todo el estado. Esta información nos llevó a contactar con con Alejandro Álvarez, que nos confirmó que fue su abuelo Manuel Álvarez quien encargó y mandó instalar el logotipo, a modo personal, siendo un caso extraordinario de fidelidad a la marca y amor por el producto que representaba. 

Toda esta historia ha quedado menospreciada y sepultada bajo tres capas: una de cemento, otra de nuevas baldosas sin ningún interés, y otra —la más espesa— de desprecio y falta de respeto. Para más guasa, tras la reforma han bautizado el edificio como EDIFICIO ALFA, adosando unas letras a la fachada. Lamentable.

Antes y después de la reforma.

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